NO LOS QUIERE NADIE

Desastroso, penoso, decadente, y hasta lúgubre puede calificarse el desempeño de los jugadores en el estadio El Teniente de Rancagua donde caímos, una vez más, esta vez, frente a un rival, Curicó Unido, que no hizo mucho más que nosotros.

El inclemente sol durante la tarde rancagüina no daba tregua alguna para los que llegaron al estadio, esos que respondieron al llamado de estar con el equipo en las buenas y en las malas, pero como se sabe, se va por la camiseta y no por los trabajadores de la concesionaria que no hacen bien su labor. Los cantos antes del pitazo inicial hacían parecer que todo iba tranquilo hasta que comenzó el partido y se apagó la voz, en señal de protesta hasta que volvieron con el cántico a la dirigencia, (que por cierto bien ganado se lo tienen), porque seguimos sin saber quiénes son, sus motivaciones, intereses, cuál es su proyecto deportivo, sus intenciones con los juveniles y un largo etcétera.

Dicen que no hay que avalar la violencia (y por cierto no quiero que se mal entienda) pero de alguna manera hay que combatir lo que violentamente vemos semana a semana: plantel poco comprometido, un capitán sin carácter, jugadores más preocupados de las redes sociales que de entregar su máximo esfuerzo en su trabajo, displicencia y poca garra, pero lo peor es la indiferencia que muestran. Para nosotros los hinchas sería hermoso poder vestir aunque sea una semana esa camiseta, donde daríamos todo nuestro empeño y esfuerzo en ganarnos una titularidad, defender la camiseta a muerte y dejar la vida si es necesario para que el equipo gane por mucho menos sueldo del que reciben. Lo de ayer fue que reventó la olla a presión que se fragua semana a semana desde el CDA desde donde todo es una nebulosa, pero ya basta de redundar en aquello.

Lo sucedido en el partido pasó a un segundo, tercer y cuarto plano, un juego aburrido a ratos, mucho empuje, empeño pero carente de futbol por ambas partes, no sorprendió que el primer tiempo terminase en empate, y sí, en algún minuto parecía que del cero no se pasaba, hasta que una vez, el que saca agua de las piedras, Larrivey, nos hizo estallar con el grito de gol. Fue un buen desahogo, pero como diría Carlos Pinto, “Nada hacía presagiar” que después de ese gol el equipo se fue abajo, como si diesen el partido por ganado, en un abrir y cerrar de ojos el empate y luego lo dieron vuelta. Un equipo blando de carácter y que no aguanta la presión.

A cinco puntos de disputar la promoción, y la U juega con mayor presión, los otros equipos saben lidiar con el fantasma de bajar, pero nosotros no, y la situación no es desconocida, el 2019 estábamos igual, pero con una diferencia, SI TENIAMOS UN CAPITAN, uno que iba de frente, hoy no tenemos quien lidere dentro de la cancha ni menos afuera. Mancharon a Valencia que dio la cara, agarró un fierro hirviendo y él la semana pasada había renunciado pero lo convencieron de seguir, ¿Lo hicieron seguir para esto? ¿Para que los jugadores le desobedezcan?, si querían jugar para atrás lo hicieron, se cargaron a un entrenador más y se están robando la institución.

JUGADORES Y DIRIGENTES, DENSE CUENTA QUE NO LOS QUIERE NADIE, QUEREMOS AL EQUIPO NO A USTEDES.

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